Identidad

Identidad proviene del latín “Identitas”. La identidad es el conjunto de rasgos propios de un individuo o de una comunidad. Estos rasgos caracterizan al sujeto frente a los demás.

La identidad es la conciencia que una persona tiene respecto de si misma y que la convierte en alguien distinto de otro. Muchos de los rasgos son hereditarios o innatos; el entorno ejerce una gran influencia en el conformación de la identidad de cada sujeto. Es algo distintivo, una realidad interior que puede, muchas veces quedar oculta tras actitudes o comportamientos.

Podemos hablar de identidad en diferentes áreas. En los últimos se viene hablando mucho por ejemplo de identidad sexual, lo que se refiere a la visión que cada persona tiene de su propia sexualidad.

En Isaías 61: 1-5 se revela la identidad del mismo JesuCristo que habría de venir. A partir del versículo 6-11 se describe la identidad de los hijos de Dios, identidad que Cristo nos daría luego del cumplimiento de aquella palabra .

Cientos de años después, en Lucas 4: 16-21 Jesús mismo, a través de la lectura de los rollos en la sinagoga,   pone su identidad al descubierto delante de muchas personas.

El sabía de antemano lo que había de sucederle, pero sin duda, tomando su identidad de hijo (siendo Dios) obedeció hasta la muerte y resurrección. A causa de esto, hoy después de mas de 2000 años podemos, aferrarnos a Su ejemplo para que se cumpla en nosotros  la “identidad de hijos”, en plena confianza, sin dudas hoy podemos decir que todos los que conocemos y aceptamos en nuestros corazones como nuestro salvador y único dueño y Señor a JesuCristo, tenemos una identidad clara de hijos, siervos, sacerdotes, nación santa, de linaje escogido, de herederos de lo que hay aquí en la tierra y en el cielo.

Y por todo esto nos movemos y actuamos bajo esa identidad pagada por precio de sangre…

 

Aprender de los rosales

En invierno, los rosales son podados en los jardines. Da pena ver, cuán poco queda de la planta que floreció tan lozana. La tierra de sus raíces es cardada y estercolada. ¿Quién diría que pronto se volverá a cubrir de flores? ¿Qué química tan sublime hace, que la planta mal tratada, sepa convertir el hedor del estiercol, en perfume delicado? ¿Cómo es que, mientras más la podan, más rosas produce, más grandes y más hermosas? El sufrimiento es la poda de Dios en nuestras vidas. Por cierto que no agrada al rosal el estiércol, ni la poda dolorosa, ni a nosotros los sinsabores de la vida. Sin embargo, son para nuestro bien. Aprendamos del rosal a producir rosas y más rosas, cuando sufrimos. No es fácil. El rosal tampoco puede por si solo. Pero siendo Dios el gran químico que obra, pidámosle, que sepamos recibir con humildad lo que nos mande. En oración sincera y lectura diaria de su palabra, poco a poco se producirá el milagro en nosotros y nacerán, como el rocío de la mañana, las rosas perfumadas, es a saber: fe, valor, constancia y gozo, hijas del dolor y del sufrimiento.

R.S.